
La Pachamanca constituye uno de los platos más emblemáticos y representativos de la gastronomía andina, destacando por su método de cocción en un horno subterráneo con piedras calientes. Esta técnica ancestral no solo responde a necesidades culinarias de preparación masiva, sino que se configura como un ritual colectivo de agradecimiento por la abundancia de alimentos a la Pachamama (Madre Tierra), enraizado en las profundas tradiciones históricas y culturales de los pueblos originarios (Murra, 2002; Quispe & Salas, 2018). En este sentido, la gastronomía andina se caracteriza por el uso de ingredientes autóctonos y la preservación de técnicas milenarias del arte culinario, donde la pachamanca adquiere un papel central como símbolo de identidad y cohesión social (Valderrama & Escalante, 1988).

El padrino (achik) como guía formativa y eje de la justicia indígena en los Andes.
El compadrazgo o padrinazgo en las comunidades indígenas constituye una institución ancestral profundamente arraigada en la cosmovisión andina, que trasciende lo meramente ceremonial y religioso. Desde la gestación, el ser humano es encomendado a una figura de custodia espiritual y moral, conocida como Achik Tayta o Achik Mama, quienes desempeñan un rol fundamental en el acompañamiento del crecimiento humano (Yánez Cossío, 2012).

Desde una perspectiva biológica, la palabra mamá se refiere a la madre como organismo femenino que, mediante procesos fisiológicos, fecunda, gesta y nutre a la descendencia, garantizando la continuidad de la especie (Campbell et al., 2020). El concepto complementa la visión del pensamiento andino, que reconoce en la madre no solo un cuerpo físico, sino también un principio vital y espiritual que sostiene todas sus formas de existencia.