
El camote (batata), conocido en quechua y kichwa como apichu, khumara o araq’a, ha sido históricamente un alimento esencial en la dieta de los pueblos andinos. Más allá de su valor nutricional, ocupa un lugar destacado en la cosmovisión andina, donde la alimentación se concibe como una expresión del equilibrio con el cosmos y la Pachamama (Madre Tierra), fuente de vida y sustento. La khumara no solo nutre el cuerpo, sino también el espíritu, al articular prácticas agrícolas, rituales, memoria colectiva y reciprocidad comunitaria.

La Luna, conocida como Mama Killa o Quilla en la cosmovisión andina, ocupa un lugar central tanto en el orden cósmico como en la vida cotidiana de los pueblos originarios de los Andes. Su importancia trasciende su condición de uno entre más de 200 satélites naturales del Sistema Solar, destacándose no solo por su tamaño —con un diámetro de 3.475 kilómetros, mayor incluso que el de Plutón—, sino por su profunda influencia sobre la vida en la Tierra, manifestada a través de la ley de gravitación universal y los ciclos naturales que regula.

El tejido ha sido, a lo largo de la historia, una forma muy especial de documentar y transmitir información dentro de las familias. A través del bordado, muchas mujeres han contado sus historias, han conservado sus tradiciones y han plasmado su cultura en las telas (Schevill, 1991). No solo ha sido una forma de expresión artística, sino también una herramienta para registrar la memoria familiar. Los diseños y patrones utilizados reflejan influencias culturales y costumbres heredadas. Muchas veces, esas figuras cuentan historias sobre los miembros de la familia, bodas, nacimientos y otros eventos importantes (Miller, 2007).