
El padrino (achik) como guía formativa y eje de la justicia indígena en los Andes.
El compadrazgo o padrinazgo en las comunidades indígenas constituye una institución ancestral profundamente arraigada en la cosmovisión andina, que trasciende lo meramente ceremonial y religioso. Desde la gestación, el ser humano es encomendado a una figura de custodia espiritual y moral, conocida como Achik Tayta o Achik Mama, quienes desempeñan un rol fundamental en el acompañamiento del crecimiento humano (Yánez Cossío, 2012).

Desde una perspectiva biológica, la palabra mamá se refiere a la madre como organismo femenino que, mediante procesos fisiológicos, fecunda, gesta y nutre a la descendencia, garantizando la continuidad de la especie (Campbell et al., 2020). El concepto complementa la visión del pensamiento andino, que reconoce en la madre no solo un cuerpo físico, sino también un principio vital y espiritual que sostiene todas sus formas de existencia.

El camote (batata), conocido en quechua y kichwa como apichu, khumara o araq’a, ha sido históricamente un alimento esencial en la dieta de los pueblos andinos. Más allá de su valor nutricional, ocupa un lugar destacado en la cosmovisión andina, donde la alimentación se concibe como una expresión del equilibrio con el cosmos y la Pachamama (Madre Tierra), fuente de vida y sustento. La khumara no solo nutre el cuerpo, sino también el espíritu, al articular prácticas agrícolas, rituales, memoria colectiva y reciprocidad comunitaria.