
La Real Cédula emitida por el rey Carlos III en el año 1770 representó una de las acciones más drásticas dentro del proyecto imperial español para consolidar su dominio sobre los territorios indígenas de los Andes. Esta disposición se enmarca en las reformas borbónicas del siglo XVIII, caracterizadas por un afán centralizador y modernizador, que buscaba homogeneizar la cultura, la lengua y el orden jurídico en el extenso imperio colonial.

La nacionalidad Kichwa de la Amazonía ecuatoriana constituye una de las expresiones más representativas del pluriculturalismo consagrado en el Estado ecuatoriano, no solo por su amplia presencia territorial y riqueza cultural, sino también por su papel activo en la defensa de los derechos colectivos, la conservación ambiental y la autodeterminación como pueblo originario. Esta condición adquiere especial relevancia en el marco del Estado plurinacional e intercultural establecido en la Constitución de 2008, que reconoce explícitamente la coexistencia de múltiples nacionalidades y pueblos, así como su derecho a conservar sus estructuras organizativas, formas de vida, territorios ancestrales y lenguas propias (Asamblea Constituyente, 2008).

La Pachamanca constituye uno de los platos más emblemáticos y representativos de la gastronomía andina, destacando por su método de cocción en un horno subterráneo con piedras calientes. Esta técnica ancestral no solo responde a necesidades culinarias de preparación masiva, sino que se configura como un ritual colectivo de agradecimiento por la abundancia de alimentos a la Pachamama (Madre Tierra), enraizado en las profundas tradiciones históricas y culturales de los pueblos originarios (Murra, 2002; Quispe & Salas, 2018). En este sentido, la gastronomía andina se caracteriza por el uso de ingredientes autóctonos y la preservación de técnicas milenarias del arte culinario, donde la pachamanca adquiere un papel central como símbolo de identidad y cohesión social (Valderrama & Escalante, 1988).