A través del término Cosmovisión Andina se busca representar una visión de la realidad construida a través de un lento transcurso socio-histórico entre los pueblos y el entorno natural, como sustento para su constancia y futuras generaciones. Los pueblos originarios de los Andes, como un grupo social asociado a su entorno natural, es identificado por rasgos propios que lo distinguen de otras maneras de ver el mundo; y la consecuencia de sus interacciones resulta distinta.
La cosmovisión andina se establece en los poblados antiguos que habitan en los Andes, territorio ubicado en “América Latina, de una variada geografía y que comprende no solo la sierra o región de alta montaña, sino a sus piedemontes occidental como la costa, y oriental, la Amazonía alta” (Grimaldo 2015:2).
La historia universal data de que en la antigüedad no existían apellidos para la población. Según la Biblia, por ejemplo, a los personajes del Antiguo y Nuevo Testamento se les conocía solo por su nombre: Abraham, Moisés, Pedro, Juan, Mateo, Jesús, María y José, no había tal cosa como Abraham Pérez, Mateo Guamán o José García. El personaje Bíblico, Iscariote no era el apellido de Judas, ni Tadeo el del Santo, sino solo denominativos o apodos con las que se identificaban. Con el tiempo las comunidades se poblaban cada vez más y surgían dudas a quien pertenecía los mensajes cotidianos que se intercambiaban.
Al 12 de octubre de 1492 se les asignó denominaciones como el día del descubrimiento de América, día de la Raza, encuentro de dos mundos; acontecimiento que se refiere a la llegada al territorio del Abya Yala de una expedición española dirigida por Cristóbal Colón por mandato de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.